Virus y Parkinson

Existe una extendida teoría -bautizada ‘golpear y huir’- que considera que algunas infecciones virales que se van rápidamente del organismo, como la gripe, dejan el sistema inmune alerta durante décadas y el cerebro vulnerable y expuesto para futuros daños. Es decir, que aunque el virus inicial desaparezca pronto, sus secuelas persisten en el tiempo. Un trabajo de investigadores estadounidenses acaba de confirmar esta hipótesis, al menos, en lo que respecta a la cepa H5N1 de la gripe aviar. Según el estudio, los afectados por este virus tienen más riesgo de sufrir Parkinson y otros trastornos neuronales.
Aunque la gripe A/H1N1 es ahora el centro de la preocupación mundial, los autores recuerdan que el virus aviar A/H5N1 es una de las mayores amenazas pandémicas actuales, debido a su alta mortalidad. Hasta la fecha, el 61% de los más de 430 casos humanos de gripe aviar registrados han resultado mortales.
Aunque se había observado que tanto los animales como los humanos que contraían la gripe aviar mostraban algunos síntomas neurológicos, entre ellos problemas motores, ningún trabajo hasta la fecha había estudiado las consecuencias a largo plazo en los supervivientes.
Un equipo del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Infantil St. Jude y de la Universidad de Tennessee (ambos en Memphis, EEUU) ha acabado con esta falta de pruebas. Para ello inocularon la cepa A/H5N1 a 225 ratones. Tres días después de infectarse, la tercera parte de los roedores había perdido peso y mostraba problemas neurológicos, entre ellos ataxia (descoordinación en el movimiento) y temblores. La mitad de estos animales estaban tan graves que tuvieron que ser sacrificados. El resto mostró síntomas neurológicos más leves y se recuperó, según publican los autores en ‘Proceedings of the National Academy of Science’ (PNAS).
Para conocer mejor cuál es el modo de actuar del virus, los científicos siguieron su rastro a través del sistema nervioso. Así, vieron que al tercer día, la cepa H5N1 ya circulaba por el sistema nervioso central, en concreto en el núcleo del tronco cerebral, la parte inferior del órgano que recibe señales de distintas partes del cuerpo, como los pulmones y el intestino. A la semana, la cepa afectaba a otras áreas y para el día 10 ya se había extendido por todos los niveles del sistema. A los 21 días, los ratones no mostraban síntomas neurológicos y el virus había desaparecido del sistema nervioso central, por lo que el patrón de infección dura unos 10 días, al igual que en las personas.
Un primer golpe
Al cabo del tiempo, los ratones que sobrevivieron empezaron a mostrar las características propias de la enfermedad de Parkinson, mientras que ratones de la misma edad pero que no habían sido infectados no tenían estos síntomas. Los investigadores, dirigidos por Richard J. Smeyne, del hospital St Jude, apuntan a que el virus penetró en el sistema nervioso a través del cerebro, provocando la pérdida de algunas células cerebrales y dejándolo en un estado vulnerable.
“El virus de la gripe por sí solo no es suficiente para que se desarrolle el Parkinson, pero sí es un primer golpe. El sistema inmune se queda tocado y basta otro ‘golpe’ para que surja la enfermedad”, explican. “Estos virus aumentan el riesgo de sufrir enfermedades crónicas que, en un primer momento, parecen no estar asociadas con la infección original”, añaden.
El estudio indica que, en muchas ocasiones, a la aparición de un brote pandémico le sigue un periodo en el que aumentan las enfermedades neurológicas. Sin embargo, el vínculo entre unas y otras es difícil de establecer. Este estudio es un primer paso para corroborar la relación entre ambos. Además de la cepa H5N1, los autores indican que también sucedió con el virus de la gripe española de 1918 y que es algo habitual de los virus A, como el de la actual pandemia de gripe. Aunque en este último caso, aún es muy pronto para saber cómo se comportará.
Fuente: El Mundo Es








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