Depresión

El patrón de herencia de la depresión mayor es extraordinariamente complejo y no sigue un patrón de herencia mendeliano. Se estima que existen varios loci que influyen de forma significativa en el desarrollo de la enfermedad. La interacción entre los distintos loci y el efecto de los factores ambientales todavía está por definir en esta enfermedad. Se ha detectado anticipación para el desarrollo de la depresión mayor. Sin embargo, no se ha detectado expansión para secuencias repetitivas de trinucleótidos. Se han estudiado varios genes candidatos sin obtener ninguna asociación significativa.
DEPRESIÓN EN EL ANCIANO
Estados depresivos
La depresión es, probablemente, el ejemplo común de enfermedad inespecífica y de presentación atípica. Esto entraña errores diagnósticos, con repercusiones tanto para el paciente como para el medio familiar.
La prevalencia de la depresión en el anciano varía entre los diferentes estudios. Se atribuye esta variabilidad a la dificultad para reconocer la depresión en este grupo etario. De acuerdo con los criterios establecidos en la DSM-IV, aproximadamente el 15% de mayores de 65 años presentan un trastorno del estado de ánimo, un 4% criterios de depresión mayor y el 6,5% cuadro depresivo asociado a otras enfermedades médicas. La prevalencia de estas entidades aumenta en pacientes hospitalizados o que viven en residencias. Utilizando los criterios de la DSM-III-R, el National Institute of Mental Health Epidemiological Area Program estimó una prevalencia de depresión superior al 1% en varones y al 3,6% en mujeres mayores de 65 años.
Causas
Varios factores biológicos, psicológicos y sociológicos pueden predisponer al desarrollo de depresión. Los cambios que ocurren como consecuencia del paso de los años en el SNC, como aumento en la actividad de la monoaminoxidasa y disminución en la concentración de neurotransmisores, sobre todo catecolaminérgicos, pueden desempeñar un papel básico en el desarrollo de la depresión.
Las pérdidas son frecuentes en los ancianos. Las de tipo físico pueden llevar a una disminución en la capacidad de autocuidado y a deprivaciones sensoriales que dan como resultado una pérdida de independencia y aislamiento. Las pérdidas laborales, económicas y de apoyos sociales también favorecen el desarrollo de depresión.
La existencia de pluripatología orgánica, enfermedades crónicas e invalidantes y la plurifarmacia son factores que pueden predisponer a la aparición de síndromes depresivos en el anciano.
Cuadro clínico
Quizá la diferencia más notable entre la depresión de los jóvenes y la de los ancianos sea la tendencia de estos últimos a negar o minimizar la disforia. Más que quejas de infelicidad, el anciano presenta mayor tendencia a estar apático y solitario. Suelen manifestar sentimientos de inutilidad, pérdida de autoestima, alteraciones perceptivas, de la memoria, trastornos del sueño, del apetito, alteraciones de la motricidad y, sobre todo, alteraciones somáticas. De forma alternativa, la depresión en los ancianos puede resultar de la presencia de ilusiones paranoides con tal intensidad que los síntomas depresivos subyacentes pasen inadvertidos. Las formas de presentación atípica de depresión más frecuentes son el alcoholismo, la presencia de dolor, la hipocondría y las seudodemencias.
El diagnóstico de los estados depresivos es básicamente clínico. Debido a la existencia de síntomas atípicos es necesario acordar unos criterios rígidos, como los que se establecen en la DSM-IV. Para apoyar el diagnóstico se han utilizado diversas escalas o tests. Entre ellas la más utilizada y validada en la población anciana es la Escala de Depresión Geriátrica (GDS) de Yesavage et al. Una amplia variedad de enfermedades físicas pueden presentarse o estar acompañadas de síntomas y signos depresivos. Entre las enfermedades claramente relacionadas con la depresión destacaremos:
1. Cáncer. La relación puede basarse en la existencia de metástasis cerebrales, aumento de la presión intracraneal, déficit en el sistema inmune o síndrome paraneoplásico, como ocurre en el carcinoma de páncreas.
2. Cardiovasculares. Los pacientes con infarto agudo de miocardio pueden presentar un síndrome depresivo que con frecuencia se mantiene en el tiempo.
3. Cerebrovasculares. La depresión es una complicación específica del accidente vascular cerebral agudo, sobre todo del localizado en el hemisferio anterior izquierdo.
4. Enfermedad de Parkinson. La depresión se puede observar en el 40-90% de los pacientes, sobre todo en mujeres.
5. Enfermedad de Alzheimer. Los síntomas depresivos suelen acompañar las primeras fases de la enfermedad.
6. Otros trastornos. Hipotiroidismo, hipertiroidismo, hiperparatiroidismo, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, insuficiencia renal crónica, artritis reumatoide, etc.
Determinados fármacos, por sí mismos o por sus efectos secundarios, pueden agravar una depresión existente o mimetizar sus síntomas. Así destacan, entre otros, digital, a-metil-dopa, propranolol, l-dopa, glucocorticoides, inmunodepresores, citostáticos o hidralazina.
FUENTE: Texto Medicina Interna Farreras Rosman 14º edición. Sección Psiquiatría
NOTA: Recomendamos que tome este artículo de manera informativa, ante cualquier síntoma que usted o sus conocidos padezcan concurra a su médico. “Ninguna información suplanta la revisación minuciosa del especialista”.







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