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Traumatismos Urológicos

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Las lesiones de origen traumático del sistema urogenital que se registran en la vida civil están estrechamente asociadas a los accidentes de tránsito vehicular, y si se tiene presente el marcado incremento de la incidencia de los mismos se comprenderá por qué esta patología es frecuente y hasta habitual en la sala de emergencias. Otras causas implicadas son las caídas de cierta altura, los traumatismos por prácticas de algunos tipos de deportes y las heridas penetrantes por proyectiles de armas de fuego y armas blancas.

El rol del médico generalista en el paciente con traumatismo urológico es la estabilización hemodinámica del mismo y proveer su pronta derivación a un centro con la complejidad necesaria para su evaluación y tratamiento.

Los TRAUMATISMOS RENALES se pueden producir en forma aislada o en el contexto de un paciente politraumatizado, por lo que el abordaje deberá adecuarse a cada situación.

De acuerdo al mecanismo de producción, los traumatismos renales pueden ser:

a- Contusos: representa el 90% de los traumatismos renales. Se pueden producir por accidentes de tránsito o por traumatismos directos sobre el abdomen o el flanco (actividad deportiva o riñas).

b- Penetrantes: se asocian a otras lesiones intraabdominales o torácicas en el 90- 95% de los casos. Las heridas de arma de fuego producen una corriennte de energía y cavitación alrededor del orificio, produciéndose necrosis tardía, con complicaciones tales como hemorragias, fístulas urinarias o abscesos. Las lesiones por arma blanca dependerán del tamaño y forma del instrumento empleado.

Se debe sospechar la posibilidad de una lesión renal en todo paciente con hematuria y antecedentes de traumatismo. También en todos aquellos con antecedentes de traumatismo directo en flanco, desaceleración brusca por una caída o accidente de tránsito, aún sin hematuria, o cuando se advierta una lesión penetrante en flanco, tórax inferior o abdomen superior, en especial cuando hay fractura costal. Recordar que la hematuria no es indicativa de severidad de la lesión, sino que evidencia la existencia de la misma.

En la evaluación del paciente se debe observar los signos clínicos generales, en especial pulso y presión arterial, que son los que nos pueden sugerir la existenncia de pérdida hemática. Si el paciente está hemodinámicamente estabilizado, el estudio que nos brinda mayor sensibilidad y especificidad en el traumatismo abdominal es la TAC de abdomen con contraste endovenoso, ya que nos provee información de todos los órganos abdominales, paso de importancia dada la frecuente asociación de lesiones de distintos parénquimas. En el caso del riñón puede permitir objetivar la existencia de extravasación urinaria, laceraciones parenquimatosas, hematomas y/o desvascularizaciones segmentarias.

Si no dispone de este método, debe efectuarse un urograma de excreción y una ecografía abdominal, que nos orientará sobre la magnitud de la lesión.

Se reconocen dos grupos de lesiones:

1- Mayores: cuando hay laceraciones profundas del parénquima renal y/o excretora, lesiones del pedículo renal y estallido o fragmentación renal.

2- Menores: contusiones renales, hematomas subcapsulares, laceración de parénquima sin afectación de la vía excretora.

La conducta ante un traumatismo renal se basa en tres consideraciones: al mecanismo de producción (penetrante o contuso), al tipo de lesión renal (mayor e menor) y al comportamiento de variables clínicas y de laboratorio, básicamente la tensión arterial y el hematocrito.

En los traumatismos menores se aconseja siempre un manejo conservador, indicándose reposo hasta que ceda la hematuria, con un estricto control de los signos vitales y el hematocrito del paciente. Este abordaje terapéutico permite la reparación del tejido dañado, con pocas probabilidades de secuelas.

Cuando el traumatismo es mayor, el paciente debe ser sometido a u exhaustivo examen en la búsqueda de lesiones asociadas. Con relación a la lesión renal, tiene indicación quirúrgicade urgencia en caso de sospecha de lesión de pedículo renal o cuando hay signos de descompensación hemodinámica (Tensión arterial sistólica menor de 100 mmHg).

En caso de rotura de vía o dilaceración profunda del parénquima renal con signos vitales estables, la conducta actual es la observación, aún en presencia de hematomas perirrenales, ya que en la gran mayoría de los casos se logra la estabilización de la lesión, y con la ayuda de procedimientos endourológicos y/o percutáneos resolver las lesiones de la vía urinaria o drenaje de eventuales colecciones residuales. Este abordaje ha permitido la preservación de unidades renales que en caso de exploración quirúrgicá terminaban en más de un 80% con la exéresis del órgano.

Cuando el traumatismo es penetrante se recomienda la exploración quirúrgica debida a la posibilidad de lesión concomitante de otros órganos vecinos, por lo que es prudente la derivación a un centro con la complejidad necesaria.

Las complicaciones tardías están representadas por fístulas urinarias, infecciones, hidronefrosis e hipertensión arterial. Es aconsejable la realización de un urograma de excreción y control de la tensión arterial hasta 3 ó 4 meses posteriores del traumatismo, aún cuando el paciente no manifieste síntomas sugerentes de complicaciones.

NOTA: Recomendamos que tome este artículo de manera informativa, ante cualquier síntoma que usted o sus conocidos padezcan concurra a su médico. “Ninguna información suplanta el examen minucioso del especialista”.

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1 comentario sobre Traumatismos Urológicos

  • Un articulo interesante con datos a tener en cuenta.
    Donde se explican cuan cierto es que la mayoria de las lesiones del sistema urogenital son concecuencia de accidentes viales o simples golpes, donce uno no puede tomar importancia hasta que aparecen los dolores.
    Ademas es muy loable que se aconseje siempre la visita a un especialista ante este tipo de casos.

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