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Ingesta de sal en la dieta

Ingesta de Sal en la Dieta

Ingestión de Sodio con la Dieta y Mortalidad: Relevamiento del National Health and Nutrition Examination

Los resultados de la investigación no justifican ninguna modificación especial en la dieta y no respaldan la recomendación actual de que conviene reducir, de rutina, el consumo diario de sodio.

Los informes de estudios ecológicos, observacionales y experimentales han respaldado, durante largo tiempo, el concepto de que las dietas restringidas en sodio inducen una reducción de la presión arterial. Basándose en éstas y en otras asociaciones con variables fisiológicas intermedias, algunos investigadores recomiendan restringir el consumo diario de sodio a 106 milimoles (aproximadamente 2 400 mg). Esta recomendación, de acuerdo con los autores, se justifica porque se supone que que los cambios favorables en las variables fisiológicas intermedias superarán cualquier efecto perjudicial y el efecto neto será la reducción de la mortalidad y la morbilidad cardiovasculares, o la mejoría global en la calidad de vida.

Según indican los especialistas, no pudieron hallar, en realidad, ningún dato empírico que apoyara, en forma directa, estas expectativas. En estudios previos realizados en pacientes hipertensos se comprobó que la reducción de la cantidad de sodio incorporado en la dieta se asociaba con efectos adversos en la calidad de vida y con un aumento en la morbilidad y la mortalidad cardiovasculares. Los expertos examinaron la relación entre la ingestión de sodio y todas las causas de mortalidad por enfermedad cardiovascular (ECV) entre los participantes del primer National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES 1) (Relevamiento Nacional sobre Salud y Nutrición).

En el primer NHANES 1, explican, la información inicial se obtuvo entre 1971 y 1975 en una muestra representativa de 20729 adultos de 25 a 75 años de edad. Luego de una nueva convocación, 11348 individuos concurrieron a realizar un examen clínico y nutricional. Dos de estos participantes fueron excluidos por no contarse con datos referidos al consumo de sodio. En 11346 participantes, entonces, obtuvieron datos sobre su estado vital hasta el 30 de junio de 1992. Para ello utilizaron entrevistas, investigaciones y búsquedas en el registro nacional de defunciones. Los fallecimientos y causas de muerte se confirmaron a partir de los certificados de defunción. La mortalidad se analizó según cuartilos de ingestión de sodio (en mg/día) específicos por sexo, consumo diario de calorías, y proporción entre sodio y calorías. Para evaluar la relación entre estas variables y la mortalidad se utilizaron análisis de regresión múltiple.

Los autores señalan que las características generales de los 4478 (39.5%) hombres eran significativamente diferentes (p.05) a las de las 6868 mujeres en cuanto a edad promedio (52.9 y 46.7 años, respectivamente), peso (76.6 vs. 66.1 kg), presión arterial (138/86 vs. 134/82 mmHg), frecuencia de antecedentes de ECV (15% y 11 %, respectivamente) e hipertensión (18% vs. 15%). Acotan que la ingestión promedio de sodio (2515 mg vs. 1 701 mg) y la de calorías (2159 kcal vs. 1471 kcal [1kcal=0.0042 MJJ) también fue superior en los varones que en las mujeres. En respuesta a una pregunta específica referida al uso de sal de mesa, un porcentaje mayor de hombres respondió afirmativamente (39%, en comparación con 24% entre las mujeres), aunque un número menor contestó que nunca la utilizaba (38% vs 53%). Las características iniciales de los participantes fueron analizadas en forma separada para ambos sexos. En las mujeres y en los varones, agregan, notaron diferencias (p 0.05) entre los cuatro cuartilos de ingestión de sodio en cuanto a edad promedio, presión sanguínea, índice de masa corporal, uso de sal de mesa y proporción de individuos con ECV o hipertensión. El 30 de junio de 1992, 7423 de los 11346 participantes se hallaban con vida y 3923 habían fallecido (1970 por ECV). La mortalidad por toda causa (por cada 1000 personas por año, ajustada según edad y sexo) se relacionó en forma inversa y significativa con los cuartilos de la ingestión de sodio diario específicos por sexo (de 23.18 en el cuartilo inferior a 19.01 en el cuartilo superior (p 0.0001)) y la ingestión calórica total por día (de 25.03 en el cuartilo inferior a 18.40 en el cuartilo superior (p 0.0001 )), y mostró una asociación positiva débil con los cuartilos de la proporción entre sodio y calorías (20.27 a 21.71, p=0.14). La mortalidad por ECV fue similar (sodio 11.80 a 9.60, p 0019; calorías 12.80 a 8.94, p.0002; proporción entre sodio y calorías 9.73 a 11.35, p=0.017). El análisis de regresión logística múltiple de Cox mostró que la ingestión de sodio se asociaba en forma inversa con la mortalidad por toda causa (p=0.0069) y por ECV (0.086), y que la proporción entre sodio y calorías se asociaba en forma directa con la mortalidad por toda causa (p=0.0004) y por ECV (p=0.0056). Por el contrario, la ingestión de calorías en presencia de las dos medidas de ingestión de sodio no tuvo una asociación independiente con la mortalidad (por toda causa, p=0.86; por ECV, p=0.74). Advierten que la restricción del análisis a los participantes sin antecedentes de ECV al comienzo del estudio arrojó resultados similares. Al sintetizar los resultados del estudio, los especialistas señalan que la ingestión de sal está asociada en forma inversa con la mortalidad por ECV y por otras causas, y que la relación entre la cantidad de sodio y las calorías ingeridas se relaciona en forma directa con ambos tipos de mortalidad; no obstante, aclaran que la relación entre sodio y sobrevida no es simple, y que debe ser considerada en el contexto general de la dieta. No existe ninguna razón, opinan, para suponer que una disminución artificial del consumo de sodio o de su concentración en la dieta produzca beneficios clínicos; los resultados del presente ensayo, concluyen, no sustentan la actual recomendación de que es conveniente reducir en forma sistemática el consumo de sodio, ni justifican el consejo de aumentar la ingestión de sal o de disminuir su concentración en la dieta.

NOTA: Recomendamos que tome este artículo de manera informativa, ante cualquier síntoma que usted o sus conocidos padezcan concurra a su médico. “Ninguna información suplanta el examen minucioso del especialista”.

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