Factor de Crecimiento Epidérmico

Factor de Crecimiento Epidérmico en la Infección de la Placenta Humana por Trypanosoma cruzy
Los resultados sugieren que la menor disponibilidad del factor de crecimiento epidérmico observado en embarazadas con enfermedad de Chagas podría explicar las diversas alteraciones en la función de la placenta asociadas con esta infección.
El factor de crecimiento epidérmico (EGF, por sus siglas en inglés) es un polipéptido mitogénico pequeño presente en muchas especies mamíferas que se halla distribuido en una amplia gama de tejidos y de líquidos corporales. Es mitogénico para una variedad de células epiteliales y epidérmicas y puede inhibir la acción apoptótica del factor de necrosis tumoral alfa y del interferón gamma en el trofoblasto.
Los receptores para este polipéptido (EGFr) están presentes en las células trofoblásticas desde la etapa del blastocisto. Su número se incrementa durante la gestación” pero la afinidad de estos receptores disminuye luego.
La enfermedad de Chagas congénita, causada por el protozoo intracelular Trypanosoma cruzi; se asocia con nacimientos prematuros, placentitis y abortos. Se cree que la fosfatasa alcalina placentaria es uno de los receptores utilizados por el parásito para desencadenar una serie de señales que permiten la invasión parasitaria en el trofoblasto humano.
Se informó disminución en los valores de EGF en animales infectados por T. cruzi; aunque no existen investigaciones al respecto en pacientes con enfermedad de Chagas. Los autores realizaron la medición a través de métodos inmunohistoquímicos del EGF y del EGFr en muestras placentarias con infección y sin infección, y en las vellosidades de la placenta cocultivadas con tripomastigotes del parásito y sin ellos. También se efectuó la determinación de los valores plasmáticos del EGF en embarazadas con infección y saludables.
Se recolectaron muestras placentarias de mujeres con serología positiva o negativa para enfermedad de Chagas a las 38 a 40 semanas de gestación y se aislaron las vellosidades centrales, las cuales se lavaron con PBS y se fijaron en formol al 10%.
Además, se obtuvo mediante cesárea -para asegurar la ausencia de gérmenes y la preservación de la muestra- la placenta de mujeres clínica y serológicamente sanas entre las semanas 38 y 40 de gestación. Se aislaron las vellosidades centrales de los cotiledones, se lavaron con PBS para remover la sangre y se cortaron en piezas de 1 cm3 Las vellosidades centrales placentarias fueron cocultivadas con 1 x 06 tripomastigotes en el medio de cultivo M-199 a 3rc. Las muestras controles se mantuvieron en condiciones similares, sin parásitos.
Luego de 24 horas de infección, las vellosidades cultivadas fueron fijadas en formaldehído al 10% durante 24 horas, deshidratadas con alcohol/xylol y embebidas en parafina para la inmunodetección de EGF y EGFr.
Se aislaron tripomastigotes de la cepa Tulahuen de T. cruzi, a partir de ratones suizos albinos en el momento pico de la parasitemia. La sangre se centrifugó durante 10 minutos, y luego de una hora se aisló y centrifugó el plasma. El sedimento que contenía parásitos se lavó dos veces y se suspendió nuevamente en el medio M-199.
Los cortes de las vellosidades placentarias se incubaron con anti-EGFr o con anticuerpos monoclonales anti-EGF. Para la detección de los niveles plasmáticos de EGF se utilizó una técnica de ELlSA.
La localización de la fosfatasa alcalina placentaria se evidenció mediante un ensayo de inmunofluorescencia indirecta.
Mediante un programa de computación se analizaron las imágenes obtenidas, particularmente las escalas de los grises y los verdes. De esta manera, la reacción positiva para la peroxidasa provocó un precipitado oscuro mientras que la reacción positiva de la inmuofluorescencia resultó en un color verde brillante.
La inmunodetección de EGFr mostró expresión positiva del receptor tanto en la placenta de las mujeres con enfermedad de Chagas como en las saludables. Aunque el valor medio para las placentas con infección (48.75% de la superficie) fue menor que en las que no estaban infectadas (67.68%), la prueba t no indicó diferencias significativas entre los grupos.
Las vellosidades placentarias cultivadas con tripomastigotes mostraron menor expresión de EGFr (37.25%) que las vellosidades cultivadas sin parásitos (46.43%), aunque aquí tampoco la diferencia fue estadísticamente significativa. El análisis de las imágenes no mostró una expresión diferente del EGFr de las vellosidades cultivadas in vitro en comparación con las placentas sin cultivar.
La detección inmunológica del EGF placentario reveló inmunotinción más elevada del EGF en placentas sin infección (45.11 %) en comparación con 40.42% de aquellas infectadas por el parásito; la diferencia no resultó significativa desde el punto de vista estadístico de acuerdo con la prueba t.
La inmunodetección del EGF placentario en mujeres infectadas fue positiva tanto en la superficie del sinciciotrofoblasto como en el mesénquima.
Los niveles plasmáticos del factor de crecimiento epidérmico -detectados mediante ELlSA- presentaron un descenso estadísticamente significativo (25%) en las embarazadas con enfermedad de Chagas.
La inmunodetección de la fosfatasa alcalina placentaria reveló su presencia en la superficie de los sinciciotrofoblastos y del endotelio tanto en las embarazadas con infección parasitaria como en las saludables.
Las placentas de las mujeres sanas mostraron expresión más uniforme y estadística mente mayor que aquellas con infección; en éstas la expresión media de la fosfatasa alcalina fue menor y se encontraron grandes áreas sin presencia de fosfatasa alcalina.
Los resultados de la presente investigación mostraron un descenso significativo en el valor plasmático del EGF en mujeres embarazadas infectadas por el parásito; la inmunodetección de este factor en la placenta no tuvo diferencias significativas entre las mujeres infectadas y las saludables. Los estudios realizados con el EGFr no presentaron diferencias en las placentas de mujeres con infección o saludables. Tampoco se hallaron diferencias en la placenta antes y después del cultivo.
El EGF puede inducir la liberación dependiente de ATP de una fracción de la fosfatasa alcalina placentaria desde las membranas del sinciciotrofoblasto. Debido a que se halló que el nivel de EGF en el plasma de las embarazadas con enfermedad de Chagas fue menor en comparación con aquellas no infectadas, se podría esperar que los niveles de fosfatasa alcalina placentaria en las placentas chagásicas fuesen más elevados, debido a que el menor nivel de EGF plasmático activaría menos receptores de EGF y en consecuencia no favorecería la liberación de la fosfatasa.
Sin embargo, los autores detectaron expresión placentaria más baja de esta proteína en las placentas de mujeres con la infección parasitaria. Esta menor expresión podría explicarse por la presencia del parásito. Los tripomastigotes son capaces de liberar fosfatasa alcalina placentaria a partir de la superficie del trofoblasto a través de la acción de su fosfolipasa C. De esta manera, el nivel de expresión de esta proteína podría ser independiente del valor de EGF.
Se sabe que los factores de crecimiento del huésped inducen la proliferación de amastigotes de T. cruzi. Los receptores para el EGF están presentes en el estadio de amastigotes, lo que significa que los parásitos recientemente liberados desde las células infectadas podrían competir por el factor y dismínuir su nivel real disponible para el tejido placentario. La presencia del parásito podría entonces explicar el valor más bajo de EGF observado en mujeres con la infección y su deficiencia en la señalización podría explicar los variados y complejos síntomas asociados con la enfermedad de Chagas congénita.
La menor disponibilidad de EGF disminuiría la liberación de fosfatasa alcalina placentaria, la cual se sugirió es uno de los receptores empleados por el parásito para invadir la placenta; pero por otro lado el parásito por sí mismo es capaz de liberar esta proteína a partir de la superficie del sinciciotrofoblasto. En consecuencia, la relación entre el parásito, receptor y las moléculas involucradas está, de alguna manera, equilibrada.
NOTA: Recomendamos que tome este artículo de manera informativa, ante cualquier síntoma que usted o sus conocidos padezcan concurra a su médico. “Ninguna información suplanta el examen minucioso del especialista”.







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